En tierra de nadie


Hay más de 43 millones de personas refugiadas y desplazadas en el mundo, y la cifra va en aumento. Dejan su tierra para huir de la guerra, la violencia social u otras formas de persecución. «Un refugiado es alguien cuyo pasado ha sido destruido y cuyo futuro está bloqueado: una persona aparentemente sin pasado ni futuro». Esta frase de Peter Balleis SJ, director internacional del Servicio Jesuita a Refugiados, nos rompe, va más allá de la definición legal de un refugiado, de la visión del sufrimiento debajo de unas carpas, de la pobreza material? nos conduce a una pobreza más profunda.

Los refugiados viven en el abismo de la extrema vulnerabilidad porque a la incertidumbre de su estatus legal se suman las precarias condiciones de vida que enfrentan, la falta de acceso a alimentación, salud, educación, trabajo y, en muchos casos, el prejuicio de la discriminación. Viven una vida en la sombra. Viven, como señalan desde Entreculturas (la gran oenegé de los jesuitas), en Noland, en tierra de nadie. La recesión económica ha reducido sustancialmente la ayuda internacional, esencial para los refugiados. En este Día Mundial de los Refugiados, nuestro mensaje es bien simple: la hospitalidad y la fraternidad son la clave, si de verdad creemos en la dignidad humana.

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