Me lo dijo el otro día un dependiente del supermercado de mi barrio, en el que hago una compra cada vez más frugal. «¡Pero no me diga que también usted aplica esas políticas de austeridad que nos están matando! Si lo que hay que hacer precisamente es gastar mucho más que antes. Solo así, con las políticas de crecimiento, tendremos todos más dinero en el bolsillo para seguir gastando sin parar y podremos superar la crisis». Mientras empaquetaba mansamente las verduras y contaba mis monedas para abonarle la factura a la cajera, me asaltó la duda de si mi amigo el frutero me estaba tomando el pelo o si realmente se había creído esa monserga.
A base de repetir como loros mensajes infantiles sobre las causas y las consecuencias de la crisis, hemos llegado al absurdo de hacer creer a la gente que ahorrar es algo nocivo y peligroso. Y que la solución a nuestros problemas no pasa por el sacrificio y el esfuerzo colectivo, sino por una elemental decisión política: dejar de recortar gastos y apostar por crecer y hacernos ricos. Mira que era fácil. Y cuánto hemos tardado en entenderlo. Cada vez hay más gente convencida de que si estamos en la indigencia es solo porque alguien empezó a recortar gastos de forma caprichosa y frenó la economía. Y somos cada vez menos los que opinamos, por el contrario, que si ahora nos vemos obligados a apagar más las luces y a contar hasta el último céntimo es porque primero nos quedamos sin dinero en el cajón y además nadie nos presta. Es decir, que el huevo de la incompetencia política y económica está antes que la gallina de los recortes.
Pensar que aumentar el gasto público es la panacea para salir de la crisis es tan tonto como creer que todo se arreglará ahorrando en papel higiénico y haciendo la compra en los chinos. Administrar bien, ahora y siempre, consiste en economizar al máximo en lo superfluo, e incluso suprimirlo, y gastar e invertir en lo imprescindible. Pero eso no es tan sencillo. E implica hacerse responsable de lo que ocurra, y no pasarle la bola a otros. Por eso, visto su fracaso político, hasta el Gobierno de Rajoy se apunta ya al «que inventen ellos».
A través de esos meandros esperpénticos, llegamos al dislate de que Rubalcaba saque pecho y nos diga que por fin España y Europa se van rendir a su infalible magisterio. Que ya dijo él que esto de ahorrar es cosa de bobos y que lo que hay que hacer es gastar como si no hubiera mañana, porque así conseguiremos crecer hasta que todos midamos 1,90. Tan crecido está Rubalcaba que vuelve a mentar a la bicha. Si Zapatero se hundió con aquella tontería supina de la Champions League, Rubalcaba nos dice ahora que él y Rajoy son como Iniesta y Sergio Ramos. Y que haciendo equipo con su solemne pactito de la nada ambos van a arrasar en Europa, como hace la selección española. Que ya son ganas de decir bobadas. Como si estuviéramos ahora para sandeces y chistes malos.