Ferrol vivió el miércoles una de las manifestaciones más numerosas de los últimos años. Fue el colofón a una huelga general que paralizó la comarca. La respuesta pacífica y contundente de los ciudadanos a una situación desesperada. Ferrolterra -un pedazo esencial de la Galicia urbana e industrial- ha entrado en barrena. Su futuro está seriamente comprometido con un 32 % de desempleo, una imparable sangría demográfica, una acelerada degradación urbanística, un sector comercial casi en liquidación y con un horizonte sin apenas luces para el sector naval, su principal pulmón económico.
La multitudinaria respuesta de la ciudadanía a la convocatoria del miércoles deja algunas cosas claras. Una esencial: la gente no está para enredos. Que nadie intente patrimonializar el profundo descontento que se ha colado por todos los poros de la sociedad y al que las Administraciones públicas están obligadas a dar respuesta. Con hechos concretos, tangibles e inmediatos. No con promesas, compromisos sin fecha y reproches entre partidos.
Ferrolterra sigue esperando contratos anunciados para antes de que acabase el año (pasado), por un dique flotante que todos prometieron y nadie financia y por un buque flotel para México cuya construcción debería haber comenzado en marzo. El presidente de la Xunta y el alcalde de Ferrol han dicho ayer que asumen uno a uno los motivos de la protesta, pero han vuelto a poner el énfasis en culpar a la dirección de Navantia. No deberían emplear más tiempo en eso. Mariano Rajoy y el ministro Montoro son ahora responsables del futuro inmediato de Ferrol.