Cosas raras


En los últimos meses no hacen más que pasarme cosas raras que atribuía a un suceso de salud acontecido en enero. Pero continúan, y resulta cada vez más complicado vincularlas con la cardiología. La última consiste en que he dejado de entender los periódicos. Literalmente. Salvo este en el que escribo, no sé de qué van. Hablan para otros, sobre cosas que me importan un bledo. Y si hablan para mí, me toman por tonto.

No es del todo nuevo. Siempre me ha sucedido en alguna medida. Lo nuevo es el descaro y la chapuza. Por ejemplo, un diario de derechas dice que en la asignatura alternativa a Religión se impartirán los valores de las víctimas del terrorismo. Me asusto. Leo la noticia como un bobo y no hay más que aire, la nada a doble página.

Cojo el flamante periódico de izquierdas, tan serio él, y leo en otra doble página un titulillo sobre el Gobierno Obama, según el cual, textualmente, este Gabinete prima las libertades individuales sobre el uso de la fuerza.

Y en la página de al lado, a cinco columnas, con tono de escándalo: «Espionaje telefónico masivo en EE.UU.». Ordenado por el Gobierno, claro. No sé si incluían ahí los pinchazos a periodistas descubiertos hace semanas. Si añadimos la cosita esa de los drones, en la que Obama es campeón, porque el nobel de la paz ha aprobado más misiones asesinas que ningún otro presidente...

En fin, casi prefiero el periódico de Lendoiro, en el que el Deportivo ni siquiera ha bajado del todo a Segunda. Quien parece haber bajado a Segunda es el periodismo, me temo.

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