En la Diputación de Málaga, las mujeres funcionarias reciben un plus de 30 euros por implantarse un diu. Y los duros de oído, una ayuda de 1.200 por colocarse un audímetro. Hay sobresueldos para blanquearse los dientes, entregarse a la acupuntura, ir al logopeda o adquirir unas medias de seda. Aunque quizás la prima más inquietante sea la que perciben los trabajadores del Ayuntamiento de Aranjuez, a quienes se les abona una gratificación de 150 euros al mes por ir a trabajar. Yo pensaba que el sueldo se cobraba precisamente por ir a trabajar, pero al parecer suponía demasiadas cosas. Rajoy, cuatro ministros y 58 diputados le cobran al Congreso dietas de desplazamiento a pesar de que todos ellos residen en Madrid. La gasolina está realmente cara, porque trasladarse desde la Moncloa hasta la carrera de San Jerónimo cuesta unos 1.823 euros. En Galicia, diputados del PP y del PSOE pasaron gastos de desplazamiento sistemáticos a pesar de viajar empotrados en otros coches. La vergonzosa charada se practicó hasta que la opinión pública se enteró y a los parlamentarios les entró lo que se llama arrepentimiento inducido. A Ana Mato se le aparecían Jaguars en el garaje y billetes a Eurodisney en el bolso. Ella, en una interesante interpretación de lo que viene a ser el feminismo, callaba y disfrutaba, y lo hacía con tanta intensidad que, puesta a gozar sin preguntar, le hizo dos veces la primera comunión a una hija, en el 2004 y en el 2005. El presidente de Valencia contrató a un coach para que estimulara su liderazgo y en Andalucía, ese territorio con una tasa de paro del 35 %, los diputados casi cuelan una subida salarial de 400 euros al mes. Nos toman por tontos.