El análisis comparativo con otras comunidades autónomas es habitual en la evaluación de los problemas y en las soluciones a ellos aportados. Habituales son los análisis comparativos de Galicia y sus problemas bien con la región Norte de Portugal, bien con Cataluña o Andalucía.
Sin embargo, evaluaciones, análisis o aproximaciones al conocimiento de la realidad del País Vasco, y sus similitudes o diferencias con problemas semejantes de la realidad gallega, pertenecen a una zona de sombras profundamente consolidada, que se sostiene en una imagen y en un foco exclusivo de la realidad terrorista de ETA durante cuarenta años.
No obstante, el País Vasco, en esa convulsa situación, ha conseguido desarrollar una organización política y una Administración eficiente, además de una economía industrial, productiva y financiera de evidente capacidad. Cuestiones centrales en la vida de una comunidad y sus ciudadanos, que aun con la singularidad y el beneficio de su sistema de financiación y de una hacienda vasca de fuerte componente territorial, no se explica tan solo por el concierto vasco, con su ventaja comparativa como modo de financiación.
Por ello uno no puede dejar de alegrarse de que al fin, y como contrapartida a nuestro absolutamente descabalgado sistema aeroportuario, Carlos Punzón nos contraponga, con su reciente reportaje en La Voz de Galicia, nuestra realidad a la también compleja realidad aeroportuaria vasca, donde sin embargo han conseguido hacer de la vieja Sondica un aeropuerto internacional, y han convertido Foronda en el quinto aeropuerto de carga de España, y el primero en descargas de pescado con más de 17.000 toneladas anuales. Sobreviviendo a tales desarrollos el pequeño aeropuerto de Zarauz.
Reivindico que detengamos nuestra mirada en el País Vasco, si lo que deseamos es valorar una realidad que en su proximidad -una población similar a Galicia e igual de envejecida- o en su lejanía -30.800 euros de PIB per cápita frente a nuestros 20.700-, que se acorta cuando hablamos de renta familiar disponible, podría indicarnos pautas de mejor gobierno y buena administración. Y no solo en los aeropuertos, sino en innovación y sus políticas, en reindustrialización, en movilidad y transporte, e incluso en una universidad con varios campus. A lo que convendrá añadir una espléndida recuperación del idioma propio pasando de un 20 % de vascohablantes a un 46 % en escasos treinta años. O las diferencias entre nuestras ya periclitadas cajas de ahorros y la fusión de sus cajas vascas. Porque tanto en tiempos de abundancia como de escasez, la administración y gobierno de lo público, para ser eficaz, precisa de decencia, capacidad de gestión y rigurosos administradores.