Chocolate del loro

Alfredo Vara
Alfredo Vara EL PUENTE

OPINIÓN

28 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Los casos dramáticos se multiplican. Familias que hasta hace unos años formaban parte de la ahora menguante clase media, que primero se quedaron sin trabajo y sin salario y después vieron agotarse el subsidio de desempleo y cualquier otro tipo de ayuda, se ven obligadas a recurrir a la ayuda solidaria para subsistir. En colas para recibir alimentos, tan impresionantes como las que aparecían en las fotos publicadas en La Voz el pasado domingo, se alinean personas que, además, recorren kilómetros a pie porque tampoco tienen dinero para un autobús. Hay madres y padres que recogen a mediodía a sus hijos porque no pueden pagar el comedor escolar y se van con ellos a la cola de algún comedor social para poder alimentarlos.

Con un puñado de euros su situación se aliviaría.

Frente a esta realidad se ven cada día dos tipos de respuesta.

Una es la solidaria, la de los que han hecho posible el aumento considerable de ingresos en entidades de apoyo, y de entrada de mercancías en los bancos de alimentos que bailan cada día en la cuerda floja de atender a una demanda que no deja de crecer.

Otra, la de los instalados que siguen haciendo hincapié en los recortes como solución a la crisis o proponen ambiciosas alternativas globales, mientras suman a sus -justos- salarios iPad y transportes gratis, menús en comedores parlamentarios a precios que para sí quisieran muchas familias, o cargan sus copas a los presupuestos públicos.

Dicen algunos que renunciar a eso sería como suprimir el chocolate del loro. Será demagógico, pero muchos estarían encantados de poder darle ese chocolate de merienda a sus hijos.