Educación para el Conflicto

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Ayer hubo una huelga en todos los niveles de la enseñanza pública. Como siempre ocurre, tuvo mucho éxito si se escucha a los convocantes, y escaso seguimiento si se hace caso a las autoridades educativas. Lo mismo cabe decir de sus motivaciones: si se oye al ministro de Educación, no hay razón para la protesta, porque la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa ha sido consultada con todos. Si se oye a los portavoces del conflicto y otras voces de la izquierda, estamos ante una ley ideológica, extremadamente conservadora, que nos devuelve poco menos que a la educación del franquismo.

Este cronista no está capacitado para emitir un dictamen. Lo único que puede decir es lo siguiente: que España tiene un problema secular con su educación; que salimos malparados en todos los índices de calidad de los organismos internacionales; que sufrimos un índice de fracaso escolar que es, en el fondo, un fracaso del sistema; que no tenemos ningún centro público, de ningún nivel, entre los más prestigiosos, y que la educación no está sirviendo para crear un país competitivo, aunque esto último merece muchos matices y es una generalización excesiva.

Ante esos diagnósticos, que se repiten y consiguen acomplejar a este país, ¿qué se hace? Que cada Gobierno que llega se considera imbuido de la razón suprema y que él tiene la solución mágica. En consecuencia, hace su reformita, cuya duración queda limitada de forma inexorable a la duración de sus poltronas. Y además, es una materia sagrada. El PSOE, que aceptó todo en la redacción de la Constitución, rompió el diálogo cuando se llegó al capítulo educativo; por algo sería. Y hubo un ministro, Ángel Gabilondo, que hizo todo lo posible para lograr un acuerdo, y ¿quién lo rompió? El Partido Popular, cuyos negociadores tenían instrucciones «de arriba» de no pactar ni una coma; por algo sería también.

Mientras unos tratan de imponerse a los otros, solo cabe una conclusión: los Gobiernos de la alternancia no tratan de arreglar el sistema educativo, sino de meter su ideología en ese sistema. Y así, vamos encaminados a crear un escenario de conflicto de duración eterna. Ayer se oían declaraciones de padres y profesores de auténtico tono bélico. Era como si se tratara de llevar la indignación social a un territorio tan sensible como las aulas donde se forman nuestros hijos. Mientras, las autoridades se conformaban con la pírrica victoria de solo el 20 % de seguimiento del paro. Y así andamos: a esperar la próxima huelga. A esperar el ¿próximo? cambio de Gobierno. Y algunos padres en las emisoras presumiendo de hijo huelguista de cuatro años. Han quitado la Educación para la Ciudadanía y han puesto Educación para el Conflicto.