¿Pedir perdón? ¿Por qué?

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Qué penita hemos de sentir por la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Ourense. Todos juntos debemos comprender su desazón, el desacougo vital profundo con el que cada día se asoma al mundo abducida por la duda. La proyecto taconeando sobre las piedras inclinadas de la Praza Maior de Ourense, con la testuz inclinada e intentando despejar una duda existencial de naturaleza hamletiana: ¿Pedir perdón? ¿Por qué? ¿Pedir perdón? ¿Por qué? Toda alma sensible que haya transitado alguna vez por el invierno de la incertidumbre sabe que nada hay tan decepcionante como la indecisión. Dirá ella: los gallegos están tontos... ¡Se me indignan por cada cosa! Es cierto. Estamos demasiado sensibles, siempre al borde del sollozo. Todo muy injusto. Pensará Soto que lo normal es invertir el dinero de los ourensanos en cubatas, chupitos en las playas de Mallorca y cochinillos en los montes de Toledo. Calculará que los afectados por los recortes deberían esbozar una sonrisa cómplice al imaginar a los socialistas empapando sus penas en gin-tonics públicos. Concluirá que los impuestos también están para confortar al exalcalde por el mal trago aquel del talego, adonde fue preventivamente enviado por la jueza por un presunto delito de choriceo. Y constatará que todo es escandalosamente legal. La espontánea confesión de turbación de Áurea Soto sintetiza el estado de ánimo de los políticos del PP y del PSOE que de forma alternativa han gobernado España y que a estas alturas siguen preguntándose por qué deben pedir perdón a los españoles. Señora Soto, lea el periódico de hoy. Ahí están las respuestas.