Juan es un ingeniero que lleva tres años en el paro, uno más de los seis millones que existen en España.Carmen una empleada del hogar que trabaja con un horario abusivo y un salario de miseria en la economía sumergida. Manuel,un estudiante de Económicas que las pasa canutas con su pequeña beca y lo poco que sus padres, los dos en paro, pueden darle en casa. Ana terminó Periodismo con un expediente excepcional hace tres años y, por más que busca, no logra encontrar nada en lo suyo: ahora reparte pizzas por las noches y va tirando entre su ridículo sueldo y las propinas. A Jennifer y Jessica, las gemelas de dos trabajadores que han visto cómo se reducía sin parar su capacidad adquisitiva, no pueden comprarles sus papás al mismo tiempo las deportivas que les hacen tantísima ilusión. Julia y Paco, que dirigían un estudio de arquitectos, han tenido que vender uno de sus coches, sacar a los niños del cole y despedir a su empleada del hogar. A Ramón lo han desahuciado por no poder pagar el alquiler. Elisa ha cerrado su tienda de lencería, después de treinta años, y Jorge, la de decoración en la que había invertido todo su patrimonio personal. Como consecuencia de esos cierres, cinco empleados han perdido su trabajo.
Todo ello no ha impedido que, según el último barómetro del CIS, la percepción social sobre los principales problemas del país indique una ligera bajada de la preocupación por el paro entre enero del 2012 y abril de este año 2013 (del 83,2 al 80,7 %) y una caída muy notable de la preocupación por los problemas de índole económico (del 53,6 al 39,3 %). Esa mejora es paralela, sin embargo, a un empeoramiento espectacular de la preocupación con los partidos (que se dobla: del 17,8 al 35,5 %) y con el fraude y la corrupción, que más que se duplica: del 12,3 al 29,4 %.
Si a esos datos se añade el hundimiento en la intención de voto al PP y al PSOE y la bajísima puntuación de nuestros líderes (la dirigente más valorada es Rosa Díez, con un 3,96 %; y la ministra Sáenz de Santamaría, con un 3,06) es fácil concluir que la percepción de todos los Juan, Carmen, Manuel, Ana, Jennifer y Jessica, Julia, Paco, Ramón, Elisa y Jorge que malviven en España es mucho más comprensiva con la difícil situación que atravesamos que con quienes tienen la obligación de gestionarla para abrir un horizonte de esperanza.
España está, pues, con toda la razón, en estado creciente de cabreo con los partidos, sindicatos y asociaciones empresariales y con los gestores de las instituciones democráticas y no saldrá de él hasta que todos demuestren la responsabilidad en la lucha contra la crisis y el compromiso en la defensa de los intereses generales que hoy brilla dramáticamente por su ausencia. Más allá de quien sube y de quien baja eso es lo que prueba el último barómetro del CIS.