Cuando un niño descubre una espinilla en la cara lo primero que intenta es apretarla y vaciarle el pus. Las madres, que son todas iguales, insisten una y otra vez en que los granitos no pueden reventarse hasta que están maduros. Pero ellos, dale que te pego, acaban haciendo un verdadero estropicio, que cura mal y deja marcas. Y algo parecido le sucede al PSOE, que quiere reventar el Gobierno sin dejarlo madurar, y que a base de hurgar sobre una crisis que solo achaca a Rajoy -porque nadie aprende en cabeza ajena- está provocando en sus carnes una herida con mal pronóstico.
En su prisa por regresar al poder, los socialistas van cometiendo un error tras otro, hasta dejarnos muy claro que, pase lo que pase, no hay más posibilidad que seguir aturando al PP de Rajoy, Montoro, Báñez y Floriano. Incapaces de revisar sus propios errores, y de escapar de ellos con alternativas realistas, los socialistas están optando por abrazarse a los conseguidores y demagogos que pululan por doquier, hasta el punto de confundir su programa con una cesta llena de ocurrencias simples y heterogéneas. Que el BCE actúe como la Reserva Federal pero sin Gobierno Federal. Que Hollande tome las riendas de Europa y vuelva a las burbujas, las devaluaciones, al déficit, al empleo subvencionado y a las Administraciones de cajón de sastre. Que imitemos a Japón, a Estados Unidos, a Brasil, a Islandia y al sursum corda. Que denunciemos el Concordato, carguemos a la Iglesia de impuestos y convirtamos Cáritas en una ONG multiconfesional y multiétnica. Que nos aliemos con Cayo Lara, los sindicatos y los indignados y, echando mano de Twitter, hagamos un programa populista. Que vayamos a una república confederal con dos Estados, España y Cataluña. Y que, para romper todos los cauces de promoción política, y darle oportunidades a los atabanados, llenemos España de elecciones primarias de la más diversa naturaleza. Una gloria.
Parece mentira, y siento decirlo, pero Rubalcaba está desorientado. Y lo está porque solo piensa en una nueva oportunidad que se le esfuma en medio del caos y de la prisa que él mismo provoca. Sus acólitas -Valenciano y Soraya- creen que hemos perdido la memoria de Zapatero en solo un año de oposición, y que el PSOE se puede recuperar con frases ingeniosas hechas a la medida del populismo más ignorante, poniéndose al frente de cuanta protesta se monta al margen de la crítica y la racionalidad, o apoyando las medidas demagógicas y aisladas que los Gobiernos autonómicos van inventando, como piedras filosofales, para demostrar que de esta crisis se puede salir con ilusión e imaginación. Y por eso van ganando los de los recortes, el paro, los ajustes de caballo y la paciencia benedictina. Porque si la alternativa está entre la injusticia y el caos, los pueblos siempre escogen la injusticia.