La doble moral de nuestra izquierda


Imagine por un momento, si pudiere, que hace cinco años el diputado Núñez Feijoo se dirigiese al lugar que ocupaba el presidente Pérez Touriño, se encarase violentamente con el y golpease su escaño con rabia. Imagine que una diputada de derechas, y no de la cultivada izquierda, llamase «macarra» al expresidente. Imaginen que con pertinacia nominasen a los miembros del bipartito como «criminales» o, en sus días sublimes, «asesinos». ¿Puede soportar su intelecto este ejercicio inventivo? Lo dudo, pero sigamos con la práctica. Imagine que se congregasen gentes católicas y de ideología liberal frente a la casa de jerarcas nacionalistas, socialistas o «izquierdaunidistas» para increparlos, con gritos e insultos, por culparlos de más del 90 % de los desahucios ejecutados en años de gobernanza del PSOE (¿Se preguntaron alguna vez por qué no hay escraches en Andalucía?). Imagine que a todos los intelectuales, artistas u opinadores que defendieron a González y Zapatero los ultrajasen afirmando que estaban al servicio de ambos, que los tenían en nómina o que eran estómagos agradecidos. ¿Continúo? Podría proponer otros ejemplos que perfilan el cinismo o hipocresía de nuestra izquierda; su perfidia, en definitiva. Tienen dos varas de medir: una para sí mismos, otra para el resto. Su doble moral solo puede producirme aborrecimiento. Y repulsión.

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