Ya lo dijo el portavoz parlamentario popular, Alfonso Alonso. «Lo más importante es dar la cara». Y el Gobierno la ha dado anteayer. Para decirnos, eso sí, que son incapaces, que no pueden hacer más, que están resignados, que no dijeron la verdad y que nos estuvieron engañando con cifras, frases y triquiñuelas que al final no sirvieron para nada.
Que vamos a la deriva lo sabemos todos. No hace falta ser un genio de la economía, ni del análisis para adivinarlo. Hay que mirar al lado y ver que estamos conformando una nueva clase social, la de la pobreza, mientras que sus señorías están preocupadas por las manifestaciones en Neptuno.
Los que se fotografiaron ante las colas del paro, que dijeron que en tiempos de crisis es un error subir impuestos y que ellos disponían del remedio contra la penuria, están ahora rodilla en tierra, dando la razón a los que nunca vimos claro el futuro. Han dado la cara para decirnos lo peor que nos podían decir. Que son incapaces de ofrecer soluciones. Que están sin ideas, bloqueados. Que vamos a seguir sufriendo. Nos han dicho, lo que la mayoría venimos diciendo. Porque para ver la realidad no hace falta ser ministro. Solo hay que tener sentido común. Y decencia.