Las cifras se empeñan en seguir pintando un panorama muy oscuro. El déficit público ascendió el año pasado al 10,6 %, según los datos oficiales que Bruselas hizo públicos ayer. La prima de riesgo, aunque desciende, está todavía muy por encima de los niveles del 2010. Así, la deuda pública, lejos de disminuir, sigue aumentando y se acerca ya al billón de euros. En consecuencia, el pago de intereses supone un tajo creciente a los menguantes Presupuestos del Estado.
Para afrontarlos, se llevan a cabo recortes que frenan aun más la economía y hacen crecer el paro. Para el viernes próximo se anuncia un nuevo paquete de medidas en una reedición de los viernes de dolores en que se han convertido las jornadas de reunión del Consejo de Ministros.
Para justificarlas, todo se sigue echando en el saco de la herencia socialista, aunque haya pasado cerca de año y medio desde el relevo, y se aventura que cada paquete de medidas empezará a dar fruto en unos meses, para volver a decir lo mismo cuando la realidad va enmendando las previsiones, para empeorarlas.
Si el Gobierno da la impresión de ir tratando de salvar cada mes sin que la situación se le vaya de las manos, el partido que lo apoya vive bajo la espada de Damocles de lo que un resentido pueda contar sobre financiaciones irregulares y sobresueldos alejados de la ética.
Hace más de un año recibieron un amplio voto de confianza para darle la vuelta a la situación y generar esperanza en el futuro. Si la esperanza sigue disminuyendo a velocidad creciente, tendrán que hacer algo más que achacarlo todo a la herencia, disfrazar la realidad con eufemismos y esconderse detrás de pantallas de plasma.