Por qué no habrá reforma de la Constitución

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

10 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El último grito de la moda política en España es la reunión secreta, después de haber consagrado la rueda de prensa sin preguntas. Por lo visto, mientras se prepara la Ley de Transparencia con grandes alharacas por la incorporación de la Casa Real, los mismos que pactan esa ley practican el oscurantismo sobre sus propios pasos. Bueno, digamos para no ofender que practican la discreción. Quizá sea culpa de Artur Mas, que le está cogiendo gusto a eso de viajar a Madrid sin que nadie lo vea. Quizá crea que ir a Madrid es un pecado para un nacionalista catalán. O quizá no quiere que haya pruebas gráficas de sus escapadas madrileñas, y por eso filtran sus reuniones después de celebradas.

El caso es que después de verse con Rajoy, este domingo se vio con Rubalcaba y parece que de tal reunión salió nada menos que el cambio de la Constitución y fructificó la meta del Estado federal. Y esto es más serio. Mucho más serio, y conviene que la sociedad conozca el fondo de este debate. Primera pregunta: ¿por qué el PSOE abandera el federalismo como solución al problema territorial? Por una estricta razón de partido: porque es el vínculo que puede soldar su relación con el PSC, que con una mano es catalanista, y con la otra españolista por razón de su electorado. Rubalcaba sabe que no es posible esa reforma, porque no la quiere Rajoy, pero esa bandera le permite no romper con el PSC.

Segunda cuestión: ¿por qué un independentista como el señor Mas se presta a ese diálogo, si Rajoy dijo ayer que no tiene ninguna voluntad de dialogar? Por dos razones: porque quiere seducir a los socialistas para que le ayuden a aprobar sus dramáticos presupuestos por si falla Esquerra y para colar en la agenda española la condición del derecho a decidir. Y así está dispuesto a ser apóstol de un federalismo en que no cree porque le igualaría con otras regiones, con tal de predicar la autodeterminación.

Esas son, a mi juicio, las claves del discreto encuentro del domingo. ¿Ha servido para algo más? Sí, señor: para demostrar que no hay fácil solución para el problema catalán, porque ningún partido de gobierno español acepta la posibilidad de un referendo, ni ningún partido catalanista se apea del derecho a que el pueblo decida su futuro nacional. Y ha servido también para comprobar que no habrá reforma constitucional en este país en mucho tiempo. Ha sido sugerir el Estado federal, y el Partido Popular saltó con más virulencia que si Bárcenas hubiera hablado de los sobres. Como sin el PP no hay posibilidad de reforma, no habrá cambio de Constitución. Lo más triste es el motivo: se teme que un debate sobre la ley de leyes desmonte todo el tinglado, desde la monarquía hasta la unidad nacional.