Nombrados así parecen dos amigos. Lev y Charles. El primero, ruso, el segundo, inglés. Pero al citar sus apellidos sobran los nombres. Tolstói y Dickens, dos de los genios de la literatura universal. Y en esa condición jamás dejan de estar de moda. El cine, entre otras artes, siempre vuelve a por ellos. Y es que Tolstói es una fuente que nunca se agota de almas perdidas y halladas, de almas errantes y almas felices y feroces. Y Dickens es una mina en la que no deja de tallar en letras las historias más diversas del corazón humano, corazones enormes y corazones diminutos. Corazones que se pintan como palomas y otros que se dibujan como halcones. Los dos conocen el secreto: el secreto de contar una historia de la que necesitas oír el final. Ahora han sido Joe Wright y Mike Newell los directores que se han atrevido con Anna Karenina y con Grandes esperanzas. Anna Karenina fue Greta Garbo. A Grandes esperanzas la tocó la varita de David Lean. Ahora, estas apuestas de Wright, con guion del dramaturgo Tom Stoppard, y de Newell, buscan las sorpresas. Versiones modernas para relatos de siempre sobre la combustión de la pasión humana.