Sonrojado


Estoy recién aterrizado en São Paulo, para dar un cursillo de 22 horas en la Fundación Síndrome de Down de Campinas. Y aunque estoy cansado, escribo a vuelapluma porque me ha llamado muchísimo la atención la sorpresa que la situación europea y española causa en los brasileños. Es lo primero por lo que me han preguntado, de manera intensa y extensa. No entienden cómo España ha pasado de presumir de situación económica boyante a estar como está en la actualidad (les he dicho que yo tampoco). Menos aún son capaces de digerir que los políticos españoles, habiendo tenido un comportamiento modélico durante la transición (que por estas latitudes se vio siempre con sana envidia, me comentan), no sean capaces ahora de dejar a un lado sus miserias y ponerse de acuerdo en un gran pacto para sacar adelante al país. Y respecto al rescate de Chipre, no entienden tanta improvisación y, sobre todo, cómo se quiere castigar al pequeño y mediano ahorrador: me dicen que eso es premiar a la cigarra en detrimento de la pobre hormiga.

Y yo no tengo más respuesta que confesar, ciertamente, que nos están faltando líderes para reconducir esta situación con cordura y poner las bases para que no se vuelva a repetir. No solo políticos, porque ¿dónde están los intelectuales?

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