El domingo pasado, La Voz se hacía eco de un acontecimiento esperanzador: el próximo nacimiento en Parada de Sil del primer bebé en cuatro años. Semanas atrás, los medios publicaban la noticia del nacimiento de una niña en la localidad de Froxán, en la lucense sierra de O Courel. Es una novedad más rara que la de Terra de Caldelas: se trata del primer nacimiento en la aldea en las últimas décadas, y es sin duda un motivo de alegría, además de para sus padres y amigos, para un territorio castigado por la despoblación, el envejecimiento y el olvido.
Clara, que así se llama, tiene ya un hermano. Junto a sus padres tendrá que afrontar el cierre del aula de educación infantil, en el único colegio de la sierra. Juntos tratarán de sobrevivir en un lugar que no dispone de médico por las noches y con un pediatra, un día a la semana, a media hora de peligrosa carretera. Como otros vecinos, afrontarán el reto de vivir en una aldea gallega, lejos de la ciudad, con la convicción de que la tranquilidad, la relación con los mayores y el contacto con la naturaleza hacen que merezca la pena.
Que el nacimiento de una niña en una aldea gallega sea noticia en la prensa algo nos está diciendo sobre el futuro de nuestro país. Los habitantes del medio rural están siendo sometidos a un desahucio silencioso, pero sin comunicación previa ni funcionarios judiciales. No se trata de un problema económico, es una línea política clara de quienes saben que no hay negocio alguno en crear una plaza de médico rural, o en mantener a un profesor, y sí en llenar las montañas de parques infantiles sin niños y carreteras a ninguna parte.
Piénsenlo: ¿cómo se explica que todavía hoy se estén construyendo piscinas en municipios rurales mientras se reducen las guardias médicas nocturnas?; si es tiempo de priorizar, ¿no podríamos dejar a un lado los deportes acuáticos? Claro que la situación económica no es buena, pero hay otra forma de pensar más allá de la de quienes creen que con la actual estructura demográfica de la Galicia interior su futuro pasa por ser una potencia en natación sincronizada.
Sé que no es un buen momento para hablar de estas cuestiones cuando buena parte de los consensos sociales que creíamos inmutables están saltando por los aires. Pero ahora que a tantos políticos se les llena la boca de Europa, no está de más recordar las directivas comunitarias, reiteradamente incumplidas, que afectan a la protección de las áreas de montaña y a su población.
Les confieso que soy amigo de los padres de Clara, pero no es esa la razón de mi reflexión. Solo espero que con el tiempo vivir en lugares como O Courel, Parada de Sil, O Incio o Cervantes no sea una opción arriesgada para una familia y que, al contrario que hoy, no tengamos que preguntarnos: ¿qué hace una niña como tú en un sitio como este?