13 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.
Incluso en instituciones a veces tan alejadas del ciudadano se obran milagros. Sucedió en el Parlamento, donde fue unánime la petición de indulto de un vigués que trabajaba en la rehabilitación de toxicómanos y está en la cárcel por vender dos papelinas. Si el Gobierno no lo perdona, pasará en ella 5 años. Su nombre es David Reboredo. Tiene la mala suerte de no haber nacido banquero. Quizás la desgracia de no llamarse Bárcenas.