Gómez de la Serna

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Imposible repartir con más facilidad más in-genio. Ramón Gómez de la Serna fue un adelantado. Sin saberlo, en la combinación de sus greguerías, en los im-pactos de sus juegos de palabras estaba inventando el Twitter. En la fugacidad de los 140 caracteres, Gómez de la Serna hubiese sido tan llamativo como sus pajaritas. El hombre que reinó en los cafés del Madrid del pasado hubiese tenido un trono en los seguidores de Twitter del siglo XXI. Y es que nadie como él para frotar unas palabras y que brillase la luz de una idea. ¿Tienen duda? Lean: «A un mentiroso solo lo cura un sordo». O «en lo que más avanza la civilización es en la perfección de los envases». Podía ser crítico, cínico, cítrico, descreído, tierno, vulnerable. Sus registros no tenían límite. «El sueño es un depósito de objetos extraviados». En enero se cumplieron cincuenta años de su muerte en el 63 en Buenos Aires. Tenía 74 años. Nos quedan sus carambolas. Nos queda el recuerdo de alguien que brilló en los salones de Madrid más que las lámparas.