Gracias

Federico Fernández de Buján LA GOLETA

OPINIÓN

25 feb 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

A yer, por razones académicas, estaba en Roma. Así, he podido asistir al último Ángelus de Benedicto XVI. Desde primera hora, los accesos a San Pedro eran una riada de gentes: romanos para rezar con su obispo, italianos de todas las regiones y nacionales de muchos países, residentes o visitantes, se congregaron para estar a su lado. Se siente la catolicidad. Abrazados por la columnata de Bernini, laicos de toda edad, con numerosos jóvenes, se reúnen junto a una variopinta mezcolanza de sacerdotes, monjes y monjas, en la que se nota que el Viejo Continente aporta a los mayores y el Tercer Mundo garantiza el futuro.

He surcado la plaza, en doble diagonal, para alegrar el espíritu al ver ondear banderas de todo el orbe, escuchar canciones en todos los idiomas y leer mensajes en multitud de pancartas. Entre ellas: «Contigo hasta el fin», «Estás en nuestro corazón», «Te amamos», «Sigue rogando por nosotros», «Nunca estarás solo», «Todos con el papa», «No nos faltarás». En ellas destacaba la palabra «Gracias», escrita en unas 10 lenguas.

No era capaz de comprender una que decía: «Benedetto, di nuovo, papa». Pregunté sobre su sentido y me respondieron: «Pedimos que el cónclave lo elija otra vez». Me pareció tan inviable como original. En todo caso, posible. El papa desde su elección ha dejado de ser cardenal. Por ello no es elector, pero reuniría los requisitos para ser elegido. No obstante, parece que lo posible es, de todo punto, inconveniente.

Y a las 12, aparece. Tranquilo, con voz firme, sin mostrar especial conmoción. Transmite plena seguridad sobre la renuncia. Y comienza: «Gracias por vuestro afecto». Y continúa: «En este particular momento de mi vida y de la Iglesia, siento que el Señor me llama a orar». Reitera que, por su edad y sus fuerzas, no puede seguir, pero afirma que esto no significa abandonar a la Iglesia. Habla el sublime teólogo desde la firme fe del pastor. Y así abandonamos la plaza, con la confianza de que el Espíritu aletea sobre el santo padre y también inspirará a quienes elijan al nuevo sucesor de Pedro.