Ahora que hay tantos parados, seis millones según el propio Rajoy, uno no deja de admirar el tesón y la vocación de algunos trabajadores para los que, desde aquí, me gustaría pedir público reconocimiento. Desde luego, la banda de las bosnias, cinco chicas que llevan diez años hurtando carteras en el metro de Madrid. Ahora un juez las saca merecidamente del subsuelo y las manda a robar al Rastro los domingos y a las manifestaciones del paseo de Recoletos el resto de los días de la semana. Pero por encima de estas esforzadas chicas, sin duda, la pasión por el delito de Miguel Montes, esa especie de Manolo el del bombo de las cárceles españolas, con treinta años de carrera, que no está dispuesto a jubilarse a pesar de la voluntad del Gobierno, que lo ha indultado. Lo cierto es que Miguel todavía no alcanza la edad de jubilación, y ha decidido mantenerse activo atracando un centro comercial de Marbella. Yo quiero proponer desde aquí al Consejo de Ministros que otorgue a ese entrañable delincuente la medalla al Mérito en el Trabajo. Y ya puestos, que alguien le haga un monumento a Ana Mato, que antepone, con gran sacrificio, su sentido de la responsabilidad a los intereses personales. Yo particularmente abriría una suscripción popular, como la del pazo de Meirás, por ejemplo. En cambio, qué quieren que les diga, el escándalo de los empleados de Iberia, a costa de cuyo empleo ha salvado José Blanco los de los ingleses de British Airways, no me parece más que vicio y afán de protagonismo.