Lo dijo Rajoy. Es el estado de la cuestión dentro del estado de la nación. Ni brotes verdes, vino a decir, ni zarandajas de anticipos primaverales, y llegaron de nuevo las borrascas y las olas de frío polar; lo que tenemos, diagnosticó, es la cabeza fuera del agua. Lo que no argumentó a continuación es que la cabeza es la parte superior del cuello, y estamos pese a todo y no conviene olvidarlo, con el agua al cuello.
La tradición marinera en los pueblos del litoral atestigua que la mar, después de cobrar su presa, devuelve a los nueve días el cadáver a quien le arrebató la vida, y también que los ahogados, cuando emergen, tienen parte de la cabeza fuera del agua.
El estado de la nación estaba el pasado miércoles con todo su perímetro vallado como si el Congreso de la Carrera de San Jerónimo tuviera a los padres de la patria secuestrados.Intenté pasar desde la plaza de Neptuno, pues iba a comer a un restaurante próximo, y me fue impedido el paso. La policía impedía al pueblo acercarse a sus legisladores. ¿Metáfora de lo que está sucediendo?
Y al día siguiente los todólogos tertulianos cronometraban el minutaje de las mejores frases, de las tesis más elaboradas, de quién ganó el debate, de si fue por puntos o un inapelable k. o. técnico, y concluyeron que fue Rajoy quien abatió en la lona a un escuchimizado Rubalcaba que bastante tiene con «sostenella y no enmendalla».
Faltaría más. Rajoy tiene labía de viejo opositor, y su retórica es eso, retórica. El líder de la oposición empleó la pedagogía profesoral, idéntica, la misma que ya utilizó años atrás. El primero gobierna, el otro ha gobernado con el timón partido y el velamen destrozado por la crisis. Gobernó para desgobernar por no encontrar el cuaderno de bitácora perdido irremisiblemente. Ambos hablaban para su parroquia electoral, crecida en un caso y mermada en el otro. Rajoy ofreció bálsamo de Fierabrás y parches de santa Teresa o como se diga. Rubalcaba, váyase señor Rajoy, ofreció cicuta en la formula socrática cuando indudableemente no era el momento.
Y todos nos quedamos compuestos y sin novio/a. Con altas dosis de más de lo mismo y de ytumasismo militante. Acaso los problemas del Estado, de la nación, son los de la calle, los que se comentan en plazas y bares, los que los políticos no quieren escuchar, porque si lo hicieran, se lo aseguro don Mariano, estaríamos ya sacando pecho. Tendríamos medio cuerpo fuera del agua sin que bajara la marea.