Un escándalo. No, esta vez no es el de Bárcenas, los sobresueldos y las comisiones que alimentan a los partidos políticos y arruinan al país. No son las gestiones vip que le han permitido a Urdangarin y su familia, supuestamente, tener unos atípicos ingresos extraordinarios. Ni siquiera es la escandalosa reducción de gasto público mientras se inyectan cantidades ingentes para salvar de la debacle a quienes estaban en el origen de la miseria que nos sigue carcomiendo el edificio que fuimos levantando con la aspiración de alcanzar un día un estadio razonable de justicia social.
No. Lo que le resulta escandaloso al jefe de la delegación del Parlamento Europeo que hace unos días visitó Galicia es el deplorable estado de nuestras rías. Escandaloso debería resultarnos que vengan desde sus escaños europeos a decirnos que tenemos la casa hecha un asco. Porque, aunque nos empeñásemos en poner una pinza en la nariz y mirar para otro lado, lo sabemos desde hace mucho tiempo. Porque hemos despreciado el trabajo riguroso y la denuncia justificada de nuestros propios científicos, a quienes durante años y años hemos despachado con el pretexto de que son alarmistas enemigos del progreso.
Pues bien, por si había duda ya han venido los señores de Estrasburgo a certificar que tenemos el lamentable deshonor de contar entre nuestro patrimonio natural con algunos de los espacios más degradados de Europa. Que hemos sido capaces -con contumacia, un grado de productividad del que solemos carecer para crear, y a veces con dinero que venía de Europa- de arruinar algunas de nuestras rías, en especial las de O Burgo y Ferrol. Sin duda, un escándalo.