Hay días en que emular el título de un libro del genial Julio Camba invita a escribir sobre casi nada porque la nada absoluta nos acerca a un nuevo big bang que haga renacer la sociedad y sus valores, y los Estados con sus coartadas que lo van sosteniendo a más trancas que barrancas.
La vida va girando obstinada como una noria arrastrada por una reata de mulas ciegas, que nos conducen a ninguna parte entre la desesperanza de un país con seis millones de parados y una legión de corruptos.
España es hoy por hoy un continuo sobresalto, un camino sinuoso, una hermandad de pícaros, una sinfonía de ayes, el espanto cotidiano donde no existe una lectura de la realidad mínimamente optimista.
Coincido con el enésimo aldabonazo del editor de este diario, reclamando serenidad y cordura en un catálogo de urgencias que no admiten dilación para regenerar, si aún es posible, el dañado tejido social, político y económico de lo que queda de España.
Escribo sobre casi nada porque así, citando a Pirandello, así es porque así nos parece.
Sancho le resta protagonismo a mi señor Quijote, y rehabilitamos con la Celestina al Buscón don Pablos y a Lázaro de Tormes, en la patria reinventada y puesta al día de bufones, truhanes, chalanes, trileros y trujimanes que ni siquiera ponen los guantes blancos para el latrocinio y el expolio.
Los rubenianos «claros clarines» tienen todos sordina, España no habla, no alza la voz, susurra, y no seré yo quien escriba retahílas de fracasos sucesivos para no sentir vergüenza propia cuando ya he abdicado de la ajena, no voy a entrar en el recuento de suicidios por desahucio, ni en la humillación de quien no puede encontrar trabajo por tener cincuenta y más años, ni denunciar la codicia implacable de la banca, ni los discursos falaces de los políticos en la ceremonia de autoprotección, hoy por mí, mañana por ti, recíproca. No voy a preguntarme por qué desde el poder se promueve la consigna mientras se hurtan los argumentos, ni por qué la marca España se convierte en Espena y se insulta a quienes no comulgan con ruedas de molino.
La descomposición a la que alude Santiago Rey no es un diagnóstico, es la metástasis social que no se cura con analgésicos.
Claro que hay solución y soluciones. No queremos sacrificios individuales ni declaraciones de renta y patrimonio como telón de fondo. Solo nos sirve el borrón y cuenta nueva, para poder escribir, también como Julio Camba, Sobre casi todo, que fue el texto que continuó al que da título a este artículo.