Porque era mía la maté. Porque algo haría me pegó. Porque... ¿Por qué? ¡Qué porqué! No hay en violencia de género más porqué que la inexcusable manifestación de una enfermedad abominable. Se previene en la escuela, en lo cotidiano se cura y, si no, en la cárcel se pena. Desde el 2003 se ha cobrado en España 700 cadáveres y un mar de muertas en vida. El silencio que ahoga, la vergüenza mal entendida, heridas sin tirita, llantos a la noche tras la pared. Por eso estremece saber que -año 2013- 15 de cada cien gallegos ven en ese cáncer «algo inevitable que sempre existiu» o incluso un hecho «aceptable en circunstancias». Y que solo un 84 % de la población no lo tolera, cuando en el 2005 era un 93 %. ¿Hemos enloquecido? ¡Ay, Galicia! Hoy que leo lo que piensas me dueles. Porque soy tuyo me matas. Porque algo haría me pegas.