Por qué el PP pierde la batalla de la opinión


Posiblemente haya un acuerdo básico sobre los motivos por los cuales no es creído Mariano Rajoy cuando proclama su inocencia, su limpieza ética y la falsedad de todo lo publicado hasta hoy. Es tal el cúmulo de razones aportadas en artículos y tertulias, que incluso quienes estamos dispuestos a creerlo tenemos reparos para reconocerlo. Y es que el problema no está en lo que el presidente diga. El problema está en otra cosa: en la convicción general de que lo publicado es cierto. Por lo menos, verosímil. Y a esa convicción no se le puede responder con la negación verbal, sino con pruebas de fuerza equivalente a la fuerza de lo conocido. Es decir, si hay papeles, reaccionar con papeles; si se pagó con dinero negro, demostrar que no es cierto; si han sido sobresueldos, convencer de que han tributado a Hacienda; y si salen nombres concretos, explicar por qué figuran en la lista del oprobio.

A cambio o a falta de esas concreciones, ¿qué estamos viendo? En la forma, una huida de las preguntas de la prensa, como si hubiera miedo a dar la cara, con el agravante cómico de hablar desde un monitor al lado del atril vacío. Y en el contenido, posiciones tan baratas como las de esos portavoces partidistas o mediáticos que nos vienen con estas: con que los papeles pueden haber sido escritos de una tacada, como si eso fuera sinónimo de mentira; con que pueden ser fotocopias, como si una fotocopia pudiera reproducir lo inexistente; con que el préstamo a García Escudero figura en la contabilidad oficial, como si un préstamo fuera un pago y pudiera legitimar todo lo demás; con que las confirmaciones de los cobros por algunos perceptores (y algunos pagadores) no tienen validez; y para rematar debidamente el cuadro, la persistencia en apaños económicos: el marido de Ana Mato, Jesús Sepúlveda, sigue cobrando del PP. Para salvar a la ministra, al señor Sepúlveda se le echa la culpa de la corrupción de los regalos de Gürtel, pero sigue en la nómina del partido. Y lo tiene que descubrir la prensa; la misma prensa acusada de mentir y amenazada de querellas.

Ante este panorama de sombras, siguen fluyendo datos que agrandan la alarma social: ahora toca el turno a las donaciones hechas al partido sin transparencia, posiblemente ilegales, con fines desconocidos, por no decir inconfesables, y presumiblemente repartidos en bolsillos privados. Empiezo a creer que en el PP no tienen conciencia exacta del daño que todo esto hace al país, a su crédito internacional y al sistema institucional. Si la tuvieran, estarían reaccionando de otra forma. Se quejan de que Rubalcaba pida la dimisión del presidente. Si oyeran a la gente en la calle, el líder socialista le parecería un alma de la caridad.

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