No solo se fue a la isla más lejana (Más afuera se titula el libro por ese motivo), sino que Jonathan Frozen demuestra una vez más que escribe más profundo. Cuenta la historia de su viaje a la isla con el libro de Robinson Crusoe y las cenizas del también escritor y amigo Foster Wallace, que no deja indiferente a nadie, y le suma otros textos sobre la amistad entre ambos, críticas de libros, un viaje a China, y hace que el ensayo se convierta en una lectura que enriquece. Frozen no sobrevuela sobre los asuntos. No es una entrada de Internet para picotear. Es mucho más. Y hablando de picotear, por supuesto se explaya con una de sus grandes pasiones, que son los pájaros. El viaje hasta China tiene ese motivo, pero el relato se transforma en cómo el crecimiento sin medida mutila la naturaleza. Frozen es generoso en la otra de sus pasiones: leer y la literatura de calidad. Y regala elogios, aquí y allá. Muy compartida su opinión sobre la canadiense Alice Munro, como reina absoluta del relato sobre lo que es más difícil de contar: la vida de las personas. Da gusto que un creador como Frozen sepa aplaudir a alguien de su mismo gremio.