Cuando salieron las candidaturas de los Goya, hubo un dato que sorprendió a casi todo el mundo. José Sacristán jamás había optado al premio al mejor actor. Había que frotarse los ojos para creerlo. Los premios es lo que tienen. Son muchas veces disparos muy dirigidos y otras tiros al azar, pero en demasiadas ocasiones cometen omisiones brutales que no se corrigen con los años. José Sacristán es uno de los grandes rostros de la escena española. Sobre las tablas y en la pantalla. Ha hecho casi de todo. Y siempre a un nivel alto y con ese toque personal. Está en la historia del cine de este país por derecho. Inolvidable su papel en la película de Fernán-Gómez El viaje a ninguna parte, como cómico de la legua al que le aparece un hijo ya grandullón, un también excelente Gabino Diego. Pues resulta que este hombre nacido en Chinchón en 1937 no tiene ningún Goya como mejor actor en sus estanterías. El hombre que rodó La familia y uno más, que estuvo en La colmena o en Un lugar en el mundo, no figura en los altares. Ahora lo nominan por El muerto y ser feliz. Veremos -enfrente tiene a Daniel Jiménez Cacho, Jean Rochefort y Antonio de la Torre- si Sacristán aprueba de una vez esa asignatura pendiente. La Academia sabrá.