Estos días se proyecta la película Lincoln, de Steven Spielberg, con 12 nominaciones a los Óscar. Su largo metraje se centra en el debate parlamentario para aprobar la decimotercera enmienda de la Constitución, con la que el mítico presidente consigue abolir la esclavitud. La cinta, de valor pedagógico, omite explicar qué es una enmienda. Quizás un americano no lo precise, pues, en su vida judicial son invocadas con frecuencia. «Me acojo a la V, VI o VII enmienda» -no declarar contra sí mismo, derechos del acusado o derecho a un juicio ante jurado en la jurisdicción civil, respectivamente-, son expresiones que un espectador escucha con frecuencia al ver filmografía de temática jurídica.
La Constitución de EE.UU. se compone de siete artículos de 1787 y de veintisiete enmiendas añadidas con posterioridad. Su introducción no ha supuesto una reforma, sino una ampliación del contenido constitucional. Las diez primeras -propuestas en bloque y promulgadas en 1791- recogen la carta de derechos fundamentales. Me admira la estabilidad constitucional americana que, con más de dos siglos, mantiene incuestionada su vigencia político-social, siendo 1972 el año de la última enmienda propuesta.