¿Cuánta corrupción hay en España y hasta dónde alcanza? Convivir con tal perversión del sistema democrático es causa de que la sociedad quede fragmentada: los que forman parte del contubernio, los que ni están ni se les espera, los que se indignan pero se quedan solos, o los envían a galeras -como a Garzón-, los que terminan por hacer callo y aceptan que haberlas haylas. Se me acumula el trabajo. Me traen un panfleto que reciben los de confianza del ex-Superdépor. Han pasado por tragarse las cuentas del inefable mandamás, con la fe del converso que no necesita ni acudir a las asambleas, o presumir de tesorería en una sociedad que no paga a nadie salvo que acudan a los tribunales. Se defienden insultando al mensajero, mientras el equipo se desmorona.
Sorprende la entrevista en un programa de máxima audiencia en la tele de Vasile, hombre del inefable cabalieri, a Duran de Unió, que trata de ponerse a salvo de la quema por financiación irregular y otras, a base de echar balones fuera y dejar en el aire que tal ataque, el pedirle que dimita, es por haberse opuesto a la independencia de la coalición CiU-ERC. Lo de Urdangarin hasta me cansa. Resulta sospechoso ver la preocupación en ciertos despachos con lo que pueda sacar al público el socio-profesor de Esade, por si alguien tiene la ocurrencia de pedirle que se inmole para el bien de España. Mala pata, ya que de no ser por un fleco, en el asunto del expresidente Matas de Baleares, hasta se habría permitido continuar con la gestión del instituto Nóos. Por fin, lo de los sueldos con sobresueldos en la calle Génova. La cuadratura del círculo consiste en hacer posible la financiación del aparato de los partidos con las cuotas de los afiliados. No olvido las cajas de ahorros y su crédito social hasta que sindicalistas y políticos ocuparon los órganos de gobierno y «la caridad comienza por uno mismo». Además, no es lo mismo prestar dinero al obrero o al pequeño empresario, que a un partido político, «siempre hubo castas». Banqueros, constructores, financieros, compañías de comunicación y eléctricas saben que la amnistía fiscal les ampara. ¡Faltaría más! Siempre fue de recibo la ley del embudo.