Francia nos da una lección


El ministro francés de Interior, Manuel Valls, de origen barcelonés, se acaba de pronunciar con encomiable contundencia sobre las reivindicaciones independentistas a favor de un Euskadi soberano que englobe los territorios del País Vasco francés. Manuel Valls ha hecho una advertencia contra los llamamientos a la independencia al considerar que son muy peligrosos para la unidad de Francia. Frente al Reino de España, que bate récords de estupidez en su pánico ante los movimientos independentistas, que se saltan las leyes con bochornosa desvergüenza, el ministro de Interior francés admitió las peculiaridades culturales de los vascos, pero le recordó al personal que la República es una e indivisible.

¿Podemos imaginarnos lo que les habría ocurrido a esos ingeniosos alcaldes nuestros, que tantos cientos de veces se han negado a izar la bandera española y exhibirla, como manda la ley, en las fachadas de sus ayuntamientos, si, en vez de perpetrar su gracia en el Reino de España, lo hubieran hecho en la República de Francia? Que nadie dude de que el Gobierno francés habría suspendido de empleo y sueldo al primer alcalde chistoso incapacitándolo para ejercer cargos públicos y al alcalde le habrían durado las risas 15 o 20 años.

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