El pujolismo

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

A finales de 1985 (es decir, hace ya más de veintisiete años), el expresidente de la Generalitat catalana Josep Tarradellas denunciaba públicamente que toda la acción de gobierno que desarrollaba su sucesor, Jordi Pujol, estaba impregnada de una filosofía: «Nosotros somos formidables y Madrid se equivoca siempre». He releído las declaraciones (son fáciles de encontrar en Internet) y me he preguntado: ¿De aquellos polvos vienen estos lodos? Tarradellas, que fallecería tres años después, también lanzó entonces otra advertencia: «La gente se olvida de que en Cataluña gobierna la derecha; que hay una dictadura blanca muy peligrosa, que no fusila, que no mata, pero que dejará un lastre muy fuerte». ¿Era una premonición, una advertencia o una simple pataleta?

Siempre me cayó bien Tarradellas, un histórico de la ERC histórica, republicano, catalanista y nacionalista no separatista, que jugó un gran papel en la transición. Pujol no le hizo mucho caso porque no le interesaba y porque quizá ya tenía en la mente otros planes, no precisamente continuistas. La derecha pujolista fue desde el principio pragmática, posibilista y equívoca, esto es, lo contrario de lo que Tarradellas deseaba construir, y al que criticaron con frecuencia por su afán de fijar posiciones con claridad. Pujol ha preferido siempre los senderos sinuosos y sombríos en los que toda maniobra política era posible y rectificable, según soplasen los vientos, sobre todo los de Madrid.

La pregunta que con frecuencia nos hacen a los periodistas es si Pujol estuvo desde el principio trabajando en pro de la situación a la que se ha llegado ahora o si esto se está produciendo por un desbordamiento de sus planteamientos. He oído respuestas en ambos sentidos y, personalmente, he defendido la segunda, es decir, la teoría del «encaje» insatisfactorio en el Estado español. Pero ahora empiezo a tener mis dudas, porque, como le pasaba a Tarradellas, también yo comienzo a creer que aquella derecha catalana de la «dictadura blanca» no jugó limpio, se pasó la vida culpando a España y ahora se ha sacado la máscara para echarse al monte del separatismo. ¿A esto han estado jugando? Si es así, Pujol y Mas nos han estado engañando a todos. Incluso a los catalanes.