Don Pedro Morenés es tipo serio, solvente y tranquilo. Si no lo fuese, no podría ocupar la cartera de Defensa. Es el hombre que manda en los Ejércitos por delegación del rey y del presidente del Gobierno. Sin embargo, este domingo nos dejó estupefactos a quienes le escuchamos con una sola frase: los militares «mantienen el ánimo firme y sereno, sin atender a absurdas provocaciones». Eso fue dicho en la Pascua Militar, en discurso oficial, con todos los mandos delante, empezando por el rey. Hacía muchos años que en una Pascua Militar no sonaban unos acentos que parecían de otro tiempo: de cuando se oía ruido de sables y había fundados temores a una intervención militar.
El señor Morenés debió acompañar sus palabras de una guía para interpretarlas, porque no sabemos qué ha querido decir. No sabemos si se refería a las voces irresponsables que azuzan a los Ejércitos para que frenen la deriva independentista de Cataluña. Ignoramos si el ministro o los mandos de las Fuerzas Armadas son los que entienden esa deriva como una provocación. Y desconocemos si el señor Morenés se ha visto en la obligación de apelar a la serenidad y a la firmeza de los soldados porque ha detectado movimientos en el estamento militar.
Sea cual sea la intención del ministro, tal como está la situación de España, solo nos faltaba una buena tensión militar para redondear el cuadro. Y el señor ministro la ha esbozado. De momento, sabemos que atisba provocaciones. Lo de «absurdas» quizá haya sido un error reconocido, porque esa palabra no figuró en la versión distribuida a los medios informativos. Si cuando el rey habló en su blog de «quimeras» soliviantó a toda la clase política nacionalista, imaginen cómo les sentará que a sus pasos les llamen provocaciones absurdas desde el poder central.
Situación delicada que agrava el conflicto anterior. Si la independencia de Cataluña avanza según la hoja de ruta de Artur Mas, no faltará quien invoque el artículo 8 de la Constitución, que encomienda a las Fuerzas Armadas «defender la integridad territorial» de España. Si no se hace, se incumplirá la ley. Si se hace, entraremos en un conflicto que no quiero imaginar y solo servirá para aplazar el problema. Ante ello, solo sé decir una cosa: con el Ejército no se juega. A pocos les entra en la cabeza que haya que imponer la unidad de España por la fuerza. Si el ministro se refirió a los independentistas, solo serviría para fabricar más. Si se refiere a quienes instigan al Ejército -militares retirados y algunos medios-, les da una importancia que no tienen. En cualquiera de los casos, estamos ante un error. Insisto: con el Ejército no se juega, salvo que estemos empezando a perder la razón