Ya sé que no está de moda defender a Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, pero no es tan difícil hacerlo si se mira el currículo o el historial de quienes se alzan frente a él (o contra él) con más audacia y menos talento del deseable. Todavía no hace mucho ha saltado a la palestra del oportunismo Carme Chacón, la derrotada exministra de Defensa, que escenificó con arrebato flamenco (al estilo de la presidenta argentina) un llamamiento simplonamente interesado: «Él nos pediría alto y claro -no se refería a Kirchner, sino al fallecido Peces-Barba, al que homenajeaban- que levantásemos de una puñetera vez este partido por la dignidad de tanta gente que nos necesita fuertes». Olvidó decir que entre quienes lo debilitaron y dejaron para el arrastre estaban ella y Zapatero, y Caamaño, y también Pérez Rubalcaba.
No obstante, y por paradójico que parezca, defender hoy a Rubalcaba es defender la experiencia política y el sentido de Estado, algo que escasea en las filas socialistas. Es también defender un PSOE de centroizquierda capaz de regenerarse y volver al poder, sin pasar por agotadoras y extenuantes fases de descomposición y recomposición. Lo peor que puede ocurrir, en términos de partido, es que el PSOE se diluya o languidezca como alternativa de poder.
No faltan motivos para la dolida irritación de Carme Chacón. Pero ella no supone una esperanza real -una alternativa- en estos momentos. El PSOE necesita repasar sus filas y mejorar los cuadros. Los advenedizos llegados con Zapatero difícilmente podrán encarnar un futuro esperanzador. La realidad es que hay que sumar todo lo válido del felipismo, del zapaterismo, del propio rubalcabismo y del mal llamado «sector crítico» (¿crítico de qué?, mejor sería decir «autocrítico») para ofrecerle a la sociedad una formación equilibrada y conciliadora. Así podrán avanzar hacia la tierra prometida, y para ello Rubalcaba es el mejor Moisés. Luego, Dios dirá. Chacón o Tomás Gómez no parece que puedan levantar el partido hasta la centralidad política que exige una alternativa. El presidente del PSOE, José Antonio Griñán, por fin se ha dado cuenta de que es así.