La Gioconda de Pompeya

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Dicen que no se sabe si la Gioconda de Leonardo sonríe o no. Si expresa satisfacción o esboza temor. Hay libros sesudos y estudios científicos sobre esas líneas que dibujan una boca. Pero hay otras Giocondas, aparte de la comentada de El Prado. Una de esas Giocondas, tal vez la más bella, está expuesta en el Canal de Isabel II en Madrid. Es conocida como la Gioconda de Pompeya y está en España como parte de la exposición que recrea la catastrófica erupción del Vesubio en el siglo I. Drama que permitió a la vez que la capa de ceniza protegiese por los siglos de los siglos las maravillas artísticas de aquel tiempo. Pompeya desembarca en Madrid a lo grande, y lo hace para reivindicar el activo papel que tuvo Carlos III como rey de Nápoles en el descubrimiento y la protección del yacimiento, nada menos que diecisiete siglos después. Por algo le llamaron el rey arqueólogo. Hay otras obras de arte importantes en esta muestra, pero la Gioconda de Pompeya bien merece la visita. Es tal su gracia sutil que enciende la mirada de quien se detiene en ella. El calor del arte, el aliento de la genialidad. Un imán.