Bartleby y Sorel no son inocentes

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Con sus villancicos y sus buenos deseos, pasó la Nochebuena. O sea, que vuelve la realidad, con sus borrascas y fríos, su día de los Inocentes a la vuelta de la esquina. Los inocentes somos todos, que nos toca pagar una situación que no provocamos. Por eso nos ha aumentado el pesimismo. Sin embargo, hay lugares donde crecen la buenaventura, la dicha y la bondad. Entre mis libros las he encontrado muchas veces. A pesar de Sorel -el ambicioso de Rojo y negro que nos dibujó el maestro Stendhal- y a pesar de Bartleby -el oficinista de Melville que un día decidió no hacer nada-, aún hay motivos para mirar el porvenir con ojos luminosos. Permítanme, después de la Navidad, una cierta esperanza. No me la nieguen ahora que todo va mal. Fue la ambición de unos Sorel, los plutócratas y banqueros y menesterosos de la macroeconomía, la que nos metió en estos pantanos. Fue la dejadez y negligencia de unos Bartleby, políticos de baja estofa y administradores irresponsables, la que permitió que esto sucediese. No les dediquemos ni un minuto de este miércoles después de Navidad. Pensemos que las cosas mejorarán a pesar de Bartleby y Sorel. No hablemos en estos días con ellos, dejémoslos solos. Quizá en esa soledad miserable puedan arrepentirse de todas sus culpas. Quizá puedan pedir perdón. Ellos, que en su ambición nos han conducido a esta tiniebla. Ellos, que no son inocentes.