Empleados públicos: ¡arriba las manos!

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

23 dic 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

C omenzaré por contarles una historia que, para ser honesto, calificaré nada más como rumor. Corrían los días en que Zapatero caía de la burra que, para desgracia del país, quiso vendernos entre el 2008 y el 2010: que la crisis era una invención de la derecha y nuestra economía un gran ejemplo para el mundo. Aquel delirio acabó como el rosario de la aurora, de modo que el Gobierno socialista hubo de preparar, aprisa y corriendo, un programa de recortes en el que los empleados públicos iban a desempeñar un gran papel: pagar una parte notable del ajuste con una rebaja sustancial de sus salarios.

El rumor, que a un amigo bien relacionado en el mundo económico le llegaba de fuentes muy fiables, consistía en que la entonces ministra de Economía había propuesto a Zapatero que la rebaja salarial fuera muy superior (de entre un 20 y un 30 %) de la que finalmente se acordó. A algunos en su sano juicio debió parecerles tal idea una locura y la rebaja, si me permiten decirlo así, se rebajó.

Pero -paradojas de la historia- hete aquí que aquella propuesta de brutal recorte salarial de entre casi un cuarto y casi un tercio de lo que los empleados públicos ganaban en el año 2010 podría hacerse en Galicia -aunque no solo en Galicia- realidad.

Y es que si sumamos los tres tajazos que se han producido hasta la fecha (el de Zapatero, el de Rajoy y el que Feijoo acaba de anunciar) y les añadimos la subida del IRPF, no son pocos los empleados públicos que han perdido cerca del 20 % y bastantes los que han perdido el 15 % de lo que ganaban cuando Zapatero sentó el principio de que lo más rápido, fácil y seguro para controlar el gasto público era reducir el sueldo a los empleados del Estado.

¿Hasta dónde? Está por ver, aunque teniendo en cuenta la facilidad con que nuestros gobernantes hacen hoy lo contrario de lo que ayer nos prometieron, nadie debería apostar que no habrá nuevas rebajas.

He defendido aquí mismo no hace mucho que hay recortes porque hay crisis, pues no soy de los que creen que todo se arreglaría con las demagógicas fórmulas mágicas que propone el inefable Cayo Lara. Pero eso es una cosa y otra muy distinta que pueda cargarse siempre la mano sobre el mismo colectivo. De hecho, lo que se está haciendo con los empleados públicos entra dentro de la categoría del puro ensañamiento. Y es que quienes tienen coraje para rebajar a varios millones de personas su salario hasta cuatro veces en dos años deberían tenerlo para acometer antes las reformas estructurales que este país necesita con urgencia: entre otras, la que afecta a un disparatado sistema de organización en cuatro niveles de poder territorial. Pero abandonemos toda esperanza: ¿para qué hacer reformas complicadas mientras haya millones de empleados a los que atracar a punta de ley presupuestaria?