A lgunas autopistas del centro de España se están quedando sin coches. Para incentivar su uso, se está valorando subir el límite permitido de velocidad, de 120 a 140 km/h. Se aumentan los 120 en casi un 17 %: no parece tanto si uno circula por una de esas autopistas rectas que hay en la Meseta.
Pero, ¡ay!, resulta que las autopistas del noroeste tienen curvas y, cuando nuestro coche da una curva, notamos una fuerza centrífuga que tiende a llevarnos a la cuneta. Esa fuerza, como usted podrá intuir, aumenta con la velocidad. Pero? ¿aumenta de un modo proporcional? No. La física nos dice que aumenta con la velocidad al cuadrado. Echemos cuentas entonces para ver cómo se incrementaría el efecto centrífugo: 120 al cuadrado son 14.400; 140 al cuadrado son 19.600. Comparando esos números, nos sale que la tendencia a echarnos fuera de la curva aumenta en más de un 36 %, bastante más que el 17 % de aumento de velocidad y (lo más peligroso) más de lo que podemos intuir cuando pisamos el acelerador en línea recta. Ojo: la velocidad es un fantasma que se oculta en las rectas y se manifiesta en las curvas.