Es el hombre al que Messi le ha arrebatado récords cuatro décadas después. El último, el de los 85 goles en un año natural. De enero a diciembre. Fue clave a finales de los sesenta y los setenta, en la Alemania campeona del mundo en el 74. Marcó con un control poco ortodoxo en la final contra Holanda. Muchas veces marcaba de forma poco ortodoxa, pero el balón entraba. Con la cabeza. Con el hombro. Con la pierna. Era un gato que cazaba goles dentro del área. Su secreto, el diámetro de sus muslos (62 centímetros), que le permitían una aceleración de moto de gran cilindrada en distancias cortas, y el instinto goleador. Müller solo veía la red, nunca al portero. Así lo decía: «Apunto a la portería, no al meta». Remataba un poco a lo Hugo Sánchez desde cualquier postura. Por detrás tenía extraordinarios jugadores como Beckenbauer, Hoeness, Breitner. Pero él era la punta de lanza. Sus compañeros siempre comentan que le deben un enorme trozo de aquella tarta de gloria. Messi tiene otra cifra que superar. Pero, con la camiseta albiceleste, le será más difícil. Müller es, por detrás de Ronaldo, el hombre con más goles en mundiales. Ronaldo tiene 15 y Müller, catorce. Ahora tiene 66 años y una delicada salud.