Estamos llegando al final. Porque la táctica del avestruz ya está muy gastada. Pueden aislarse en lujosos despachos, moverse en coches blindados, que a decir de Blesa resultan incomodísimos, y no leer los periódicos, pero más pronto que tarde van a tener que enterarse de que hay que asumir las responsabilidades y de que quien la hace la paga. Que decían nuestras abuelas.
Las sucursales bancarias de este país se están convirtiendo en un permanente protestódromo de los muchos tejemanejes que los banqueros han venido realizando con el esfuerzo y el trabajo de los demás. Y ahora que, como siempre hacen los medrosos, se niegan a dar la cara, comienzan a surgir los problemas. Ayer a nuestro lado, en Vigo, A Coruña, O Rosal, Gondomar y Cangas, por citar solo algunas.
Los facinerosos que se dedican a hacer fortunas con el patrimonio ajeno, y quienes desde cargos públicos se lo permiten y respaldan, no van a poder aguantar mucho más. Porque las protestas, la indignación y la agresividad van en aumento hasta que cualquier día ocurra lo que nadie quiere que ocurra. Y luego nos dirán que la culpa es de los que protestan. Porque tienen cachaza para eso y para mucho más. Y no saben lo que es la vergüenza.