La soledad tiene hoy una raíz arraigada en la desesperanza, en el desamparo, en la exclusión, es un viento negro que se torna huracanado, que avanza arrasando «el concepto del Estado de bienestar que empieza a ser borrado del libro de la historia», en palabras del editor de este diario, Santiago Rey, en la entrega del Premio Fernández Latorre a Cáritas, en un gesto solidario de generosidad poco frecuente.
Cáritas, yo no me canso de citarla como la más noble referencia, es nuestro hogar común donde expresar lo mejor que podemos manifestar como personas: compartir. «Porque nadie -y sigo citando a Santiago Rey-, ni el presidente del Gobierno, ni las autoridades de Bruselas, ni la jefa del Ejecutivo alemán, tienen legitimidad para condenar a la sociedad a la pobreza y a la desesperanza».
Hace mucho frío ahí fuera, y muchos españoles viven hoy a la intemperie, desolados y sorprendidos por no encontrar salida alguna a la calzada central que conduce al futuro, cansados de remar sobre un remolino, exhaustos, carentes de argumentos que indiquen la dirección del bienestar prohibido.
Escuché el discurso vertebrador que, desde la soledad, reivindicaba un armazón creíble de la sociedad civil ahora desestructurada; era un grito reiterado que se perdía en el eco que precedía al silencio. Antes había intervenido el arzobispo compostelano Julián Barrio, asentando la caridad en el corazón cristiano y proclamando la gratuidad de Dios.
El presidente Feijoo cerró el turno de intervenciones con un texto bien construido y mejor leído que resaltaba la función indispensable de los medios de comunicación. El presidente de Galicia venía de un discurso de investidura revestido de austeridades necesarias y el pronunciado en el museo de La Voz de Galicia era bisagra para el que iba a exponer en la Cámara antes de ser elegido presidente de Galicia por segunda vez.
Galicia es un modelo para armar, remedando al escritor, un inmenso puzle de múltiples posibilidades. Galicia sigue siendo un proyecto viable.
Y mejor sería si la soledad a la que alude este texto fuera desterrada sumando los esfuerzos de los líderes empresariales, los dirigentes políticos, los comunicadores, en suma la cara más visible de la sociedad civil, que tuvo a muchos de sus representantes en el museo coruñés de este diario.
Hay un SOS callado que, con una respuesta muda, asiste silente al desmantelamiento de este país, cuando el cielo se desploma sobre nuestras cabezas y la soledad ha dejado de ser un presagio para convertirse en una espantosa realidad.