Pensiones, porca miseria

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

R igurosamente empobrecidos. Y cuanto más pobres, más castigados. Ese es el resumen de lo decidido por el Gobierno sobre pensiones. Se veía venir: hace poco alguien tuvo la ocurrencia de inventar un IPC alternativo, disminuido, para tratar de engañarse a sí mismo y por vergüenza torera la tuvo que retirar. Pero los efectos son los mismos: las pensiones suben lo que se pueden subir, que es una miseria, y digo yo que no hacía falta esperar al IPC de noviembre para eso que llaman actualización. Era un porcentaje decidido de antemano, con números ya hechos, y daba igual el volumen de inflación. La realidad de la caja se ha impuesto al Pacto de Toledo, y la oposición tiene que callar: aunque ahora los socialistas levanten la voz, peor lo hizo Zapatero cuando decretó congelación.

Si usted quiere calcular lo que aumenta su capacidad adquisitiva, lo tiene muy fácil: si su pensión es de 1.000 euros, le ingresarán diez euros más al mes; si, en el mejor de los casos de pensiones inferiores, es de 900 euros, dispondrá de 18 euros más. Brutos, naturalmente. Para unos quince litros de gasolina, si tiene coche. Para tomar un café cada dos días. Para hacer frente a la próxima subida de la luz, que debe estar al caer. Eso es todo, porca miseria. Y no vale protestar. No hay dinero para nada. También el Gobierno ha sufrido para llegar a esas cuentas, para comunicarlo a la opinión, para confesar su penoso mal trago.

¿Se podía haber sido más generoso? Sin duda; pero suprimiendo tarjetas de crédito de altos cargos, haciendo verdad la supresión de coches oficiales, haciendo una política más contundente de contención del gasto suntuario, suprimiendo duplicidades? Pero eso es lento, el ahorro tarda en notarse y, a pesar de todos los recortes, la deuda pública sigue creciendo, se alimenta a sí misma, y hay informaciones que indican que ya alcanzó el cien por ciento del PIB.

¿Y quién paga? El que resulta fácil: el que ve regulados sus ingresos a golpe de puro boletín oficial y el que no tiene escapatoria. Por ejemplo, el pensionista. Y no nos hagamos ilusiones: el año que viene puede ser peor, porque el 2013 también será peor. De poco sirve la promesa electoral de mantener el poder adquisitivo, porque la realidad deja en ridículo las mejores intenciones. De poco sirve decir que los mayores son el soporte de parados, desahuciados y otros estados de necesidad, porque la caja no tiene sentimientos. Y de poco sirven cálculos buenistas, por lo que dijimos hace días: estamos a punto de llegar a los nueve millones de pensionistas y se está echando mano de las reservas. Esto no da más de sí. El Gobierno pide que lo entendamos, y yo lo hago. Pero que no pida más que eso. El resto es resignación.