Tiene 59 años. Y el próximo año será presidente de China. Se casó dos veces y su mujer actual es una cantante mucho más popular que él. Actúa siempre en la gala de Año Nuevo, la más seguida por televisión en la potencia asiática. Tienen una hija, que estudia en Harvard. El futuro presidente sabe muy bien lo que es el mundo. Vivió y estudió en Iowa, en Estados Unidos. Disfruta con el baloncesto y con el cine bélico de Hollywood. Su hermana vive en Canadá. No dirigirá el país alguien cerrado. Contribuirá a aumentar las políticas de mercado, pero no defraudará a la vieja guardia. Sabe dónde están las esencias. Le llaman príncipe como a todos los políticos que son hijos de dirigentes del partido. Antes de estudiar para ingeniero, supo lo que es trabajar duro en el campo. Fue reeducado y castigado hasta cuatro veces con la cárcel. Así es que dice que los cuchillos se pulen con la piedra. Pero su hit, el éxito que lo ató a la cima, fue triunfar en la organización de los juegos olímpicos y su seguridad. China tendrá otro timonel fuerte. Un hombre que sabe interpretar a los extranjeros tanto como conoce lo que se cuece dentro del inmenso país de la Gran Muralla. Este líder nos incumbe a todos, porque su economía puede derrotar al mundo.