El agujero negro del año mariano

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

21 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Pobre Mariano Rajoy. Nadie ha tenido más poder territorial en España que él. Ningún ganador de elecciones había suscitado tanta esperanza por el mero hecho de ganar. Sin embargo, cuando se hace balance del aniversario de su victoria, sale francamente desolador. En la economía no hay un solo dato positivo y todos los indicadores han empeorado. En la sociedad, las esperanzas de hace un año se han transformado en desaliento de presente y en pesimismo de futuro. En lo territorial está en riesgo nada menos que la unidad de España. Y en lo institucional, asistimos a un proceso de deterioro que daña a la clase política, a organizaciones como los sindicatos y la propia Corona también atravesó el año más delicado de toda la democracia.

Hecho así el recuento, se puede decir que España está en crisis general; en eso que se ha convenido en llamar tormenta perfecta. Y lo malo es que todo es como un cesto de cerezas: la penuria económica actúa de motor del independentismo, el independentismo perjudica la recuperación, la recuperación crea desaliento y pesimismo, el pesimismo hace perder confianza en la clase dirigente y el símbolo máximo de la clase dirigente es la Corona. ¿Es culpable Rajoy de todo esto? Evidentemente, no. Muchos de estos males son anteriores a su llegada al poder. Otros son consecuencia del desgaste propio del paso del tiempo, y hay instituciones que dejan de ser referente social.

De lo que es responsable el Gobierno es de haberse obsesionado con las cuentas públicas y sus recetas para corregirlas. Por imposición de Bruselas, por obsesión de algunos ministros, por convicción del propio Rajoy o por las tres cosas a un tiempo, enfocó toda su política a ese objetivo. Dirigió todas sus reformas hacia el control del déficit público. Pensó y dijo que, una vez ordenados los números del Estado, todo lo demás se resolvería casi de forma automática. Creyó que el país es una máquina que funciona con resortes de Boletín Oficial del Estado, y no se hizo política. Simplemente se administró la gerencia de las cuentas. Y quizá tenga la razón técnica, la razón intelectual, pero no la razón de los hechos.

Con ello, el balance más favorable que a mi juicio se puede hacer es decir que el Gobierno dedicó su primer año (porque en la práctica se empieza a gobernar el mismo día que se gana) a poner las bases del saneamiento económico. Pero resulta insuficiente. Esperábamos más. Usando la frase tópica, va en la buena dirección, pero solo en la buena dirección, sin llegada a ningún puerto. Si miramos todo lo demás, desde Cataluña hasta el descontento social, es inevitable coincidir con Rubalcaba en que el país se está yendo de las manos. Y no solo de Rajoy. De toda la sociedad.