El drama de España en tres frases

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

14 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Bien mirada, España está condicionada por tres frases. Solo tres frases deciden el debate público y la actualidad política. Una tiene su origen en el Parlamento catalán y tiene solo tres palabras: «España nos roba». Sobre esa injusta ocurrencia, lanzada en un momento determinado por el partido del señor Laporta, se ha montado la base del desapego del nacionalismo y el independentismo del señor Artur Mas. Él no la dice, se cuida mucho, pero deja que circule para crear un ambiente de agravio histórico, la doctrina del expolio español y todo el victimismo que está saliendo en la campaña electoral.

La segunda frase no es tan explícita, pero se puede resumir así: «Rescatan a la banca con nuestro dinero y condenan al ciudadano». Se ha convertido en la idea fuerza que da estructura a una intensa corriente de opinión en contra de los desahucios. Tiene el poder de irritar y soliviantar a muchos ciudadanos heridos por las injusticias cometidas en la aplicación de una Ley Hipotecaria redactada en tiempos de caciquismo. Y ha surtido efecto: si no fuese por su atracción, posiblemente la banca no hubiera dado el paso de suspender las ejecuciones más sangrantes y el Gobierno no tendría tanto empeño en paliar urgentemente el último drama nacional.

Y la tercera frase es la que hoy veremos en las pancartas y hemos visto estos días en los carteles: «Nos dejan sin futuro». Es una de las principales consignas de los sindicatos para convocar la huelga general. ¿Tendrá fuerza para conseguir paralizar el país? Cuando escribo estas líneas, no lo parece. Es posible que nunca haya habido tantas razones como ahora para protestar. Nunca hubo ni tantos parados, ni tantos desprotegidos, ni tanto trabajador en precariedad, ni tantas desigualdades sociales, ni tan pobres argumentos del Gobierno y su partido para convencer a la gente de no hacer huelga. Si al final no tiene el éxito merecido, habrá que plantear si tenemos una sociedad sin pulso, unos sindicatos sin capacidad de convocatoria o nos hemos instalado definitivamente en la resignación.

Estas son las frases que deciden la actualidad. Medito en ellas, y me planteo qué hace todo un Estado para combatir la falacia fiscal de los independentistas exaltados. Me pregunto por qué hizo falta la movilización de toda la sociedad para que los poderes públicos se enterasen del drama de las hipotecas. Me pregunto si toda la argumentación del Gobierno ante una gran protesta social se reduce a un «no es el momento», que es la expresión más repetida. Y concluyo: falta la cuarta frase, que la tiene que decir un poder político que tiene un serio problema de mensaje. O lo resuelve, o quizá pierda -y en temas muy graves- la batalla de la opinión.