Lo del Madrid Arena cuenta con todos los elementos para reconstruir una especie de drama español. Una radiografía de lo nuestro. Ante la sed de juerga, los jóvenes se vuelven manadas de ñus en migración, cientos de miles, idénticos. Saltan al estruendo de la música que no te deja hablar, o pensar, mientras te vibran las tripas. Saltan, parece, para olvidarse de su vida. Se habla mucho del fracaso de la generación de nuestros hijos, pero yo pienso que el fracaso es anterior, que ellos son víctimas del fracaso de sus padres. Les hemos ido construyendo una sociedad sin empleos, sin independencia, sin protagonismo, sin la más remota posibilidad de convertirse en personas responsables, adultas, maduras. Además, en este caso, para mayor escarnio tenemos a la madrastra de Blancanieves, la alcaldesa no electa de Madrid, Ana Botella, que lo primero que hace es exigir -en vez de asumir- responsabilidades. Quien rige la vida de los jóvenes madrileños tiene hijos que se casan en El Escorial con magnates de la fórmula uno, que se pasean por Italia en coches deportivos o que viven en Londres o en Boston. Yo creo que Ana Botella no tiene derecho a gobernar a los jóvenes madrileños. Botella, cuya madre ha sido jugadora de mus en el bar de su pueblo, se ha ido volviendo elitista y sofisticada. A ella el empleo le vino regalado, por vía conyugal, como a Cristina. Por eso, mientras tengan a Ana Botella, que nadie falte al respeto a esos jóvenes atolondrados.