¡Qué buenos son los señores concejales!

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

«Qué buenas son las hermanas Carmelitas, qué buenas son, que nos llevan de excursión». La famosa tonadilla, que recordarán muchos de ustedes, podría hoy cambiarse por otra similar: qué buenos son los concejales españoles, qué buenos son, que renuncian a un pastón.

Y si no, busquen en Google y verán. Las noticias sobre renuncias de altos cargos locales a su extra navideña se multiplican en la Red. Conociendo a nuestros políticos es seguro que tales muestras de generosidad, en beneficio de fines sociales muy diversos, no tienen nada que ver con el interés electoral de sus protagonistas, lo que explica, claro, que se anuncien a bombo y platillo con el fin de asegurarse de que nadie se enterará de lo buenos y desprendidos que son los renunciantes.

Frente a tanta esplendidez de algunos cargos públicos electos -la inmensa mayoría de los cuales cobrarán puntualmente sus extras de Navidad- destaca el individualismo inmenso de los funcionarios públicos, a quienes esa paga se les ha suprimido legalmente y con carácter general en medio de protestas egoístas que no tienen más justificación que una nadería: la de haber sido objeto de dos rebajas salariales sustanciales en poco más de un año. ¡Qué cara dura! ¡Qué inmensa cara dura!

Sí señor, qué desvergonzada cara dura la de los grandes partidos españoles (PP y PSOE) que, ambos responsables de congelaciones y recortes salariales de los funcionarios públicos durante los mandatos de Zapatero y de Rajoy, no han tenido el mínimo decoro de adoptar un acuerdo conjunto exigiendo políticamente a los Parlamentos autonómicos que controlan (casi todos) y a los ayuntamientos en los que tienen mayoría (la inmensa mayor parte de los 8.000 existentes en España) que los representantes públicos se apliquen en ellos la misma amarga medicina que se les ha administrado a los funcionarios, quienes en los últimos años han sufrido una pérdida muy notable de su poder adquisitivo a base de congelaciones y recortes.

Es cierto que la cosa podría ser peor, como lo demuestra el pacto escandaloso que, con un objetivo de nuevo puramente electoral y pasándose por el arco del triunfo la decisión del Gobierno, cerraron los alcaldes del PSdeG y el BNG antes de las elecciones autonómicas: que los funcionarios de sus ayuntamientos cobrarían la paga perdida mediante un plus de productividad equivalente al 85 % de sus extras.

Aunque, ¿cómo extrañarse de todo esto tras haber sabido que el diez por ciento de los diputados han sufrido la pérdida (sic) de los iPads que se les habían entregado aún no hace un año? Y es que ya se sabe: las salas vips de los aeropuertos, los restaurantes de varios tenedores, las zonas de primera en los aviones y los hoteles de cuatro y cinco estrellas están plagadas de rateros. ¡Qué paisaje, qué paisanaje!