Cesc en el recreo

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

30 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El fin de semana, la volvió a a(r)mar. A la pelota. Es el que inventa cuando parece que no hay salida. Es el que siempre encuentra el hueco. El que hilvana el gol con la aguja de la portería. Es Cesc un jugador distinto. Es increíble que lo hayan criticado. Ojalá en todos los equipos hubiese un Cesc, el fútbol sería mucho más entretenido. Imprevisible. Cuando el balón pasa por él el suspense aumenta tanto como cuando Hitchcock hacía cine. Antes de buscar fortuna en el Arsenal, Cesc jugaba de chiquillo junto a Messi. Y esa memoria de los recreos en la Masía no se pierde jamás. Sus alianzas se multiplican hasta el infinito con Iniesta y Xabi sobre el campo. Pueden tejer maravillas. Y las tejen. Aunque es un fabuloso nueve mentiroso, como en la selección, la sombra de Cesc se torna tan imponente como la de la Sagrada Familia cuando retrocede unos metros y conduce el balón antes de encarar las torres de las defensas. Es ahí donde los rivales tiemblan. Si Cesc es bueno de espaldas, de frente y con más líneas de pase, es un jeroglífico del que Cesc tiene la solución. Y ofrece esa solución en segundos. Deja a un compañero solo en el área o es él mismo quien llega solo tras una pared de libro y gol.