Solo ocho meses después de ser proclamado líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba está acosado por colegas del partido -no pocos de los que perdieron el congreso-, medios de comunicación, redes sociales? Digan lo que digan los acosadores, siendo el mismo el personaje de hace una semana, con los mismos lastres y virtudes, no cabe atribuir la nueva situación más que al resultado electoral en Galicia y en Euskadi. Lo cual parece una exageración en unos casos y, entre sus colegas no adictos, falta de paciencia.
Los partidos en general han generado virreyes en las autonomías en las que teóricamente los socialistas tienen más peso orgánico, al pertenecer a una organización federal. ¿Es justo que los errores de estos líderes autonómicos conduzcan a responsabilizar a la cúspide del PSOE? Creo que no somos pocos los que pensamos que esa no puede ser la causa, explícita o implícita, de exigir la dimisión de Rubalcaba. Otra cosa es que los solicitantes del relevo lo hagan por la situación global del partido, su falta de un programa ilusionante, de unas actitudes que basculen entre la crítica severa al Gobierno y la colaboración en los casos en que los intereses del país lo justifiquen.
Perder unas elecciones con candidato interpuesto no parece lo más aconsejable para la necesaria estabilidad de las organizaciones políticas. Especialmente en esta España en la que casi todos sus presidentes han conocido la derrota antes de gobernar.